martes, 6 de septiembre de 2011

CARTA A UN AMIGO

1 de Agosto de 2004
Querido Amigo:
Te escribo esta carta para contar algo extraño que me ocurrió hoy.
Al levantarme esta mañana, no tenía idea del regalo que mi papá me tenía preparado. Fue una mañana como cualquier otra, pero ésta poseía un brillo especial.
Me vestí y fui a visitar a mi padre a su casa, como todos los domingos. Estuve allí durante una hora, escuchando sus palabras y teniendo una conversación genial.

Al salir de ahí, decidí ir a almorzar al supermercado al cual iba habitualmente. Llegué al lugar y me encontré con amigos con quienes estuve charlando un momento. Mientras, observaba como los niños jugaban felices en la plaza de juegos.
Al hablar con un amigo, me comentó que había ido con su familia a festejar el cumpleaños de uno de sus hijos y señaló dónde estaban sentados almorzando. Al igual que él, había familias enteras haciendo compras o almorzando. Otros estaban solos, comprando apurados algún ingrediente que les faltaba para preparar el almuerzo.
Fue al despedirme de él, cuando giré y vi como una parte del techo del supermercado estaba siendo consumido por las llamas. Todos empezaron a correr, el súper se venía abajo…

Apenas comenzó todo este desastre, vi como mi papá venía junto a mí y me dijo: “Hijo, tenemos que salir de aquí”. Mientras yo le preguntaba que ocurría, Él hablaba con unos hombres altos, grandes, quienes supongo eran Guardias, porque estaban con mi papá, ayudando a salir del lugar a las personas.
No se escucharon gritos de desesperación o de auxilio, porque parecía que todos estaban como en una nube de sueño. Además todo fue muy rápido.
Cuando intentaron sacar a las personas del supermercado, se dieron cuenta de que las puertas estaban cerradas. Fue al instante que nos llevaron por un largo y estrecho pasillo, donde había una claridad inconmensurable y un silencio desbordante. Yo me preguntaba ¿si el súper contaba con tan bello lugar, por qué nunca lo habíamos visto?.

Mi padre y los hombres, quienes por cierto vestían de blanco y transmitían una luz incesante, volvieron en busca de más personas, pero ya no quedaba nadie. Todos habían logrado escapar, algunos con ayuda de hombres vestidos de amarillo, otros con ayuda de personas que habían colaborado.
Gracias a Él, a mi padre, fuimos muchas las personas que logramos salir por el pasillo, sin ninguna herida EN EL CUERPO. Al contrario, sentimos como si un gran peso de encima nos hubiésemos quitado, como si voláramos.

Pero indignado me sentí, cuando vi a mi Padre regresar solo, sin haber salvado más vidas. Tantas preguntas le hice, tanta fue la furia contra Él, que me atreví a cuestionarle: “¿Dónde estabas cuando ocurrió todo? ¿Cómo permitiste que tantas madres, padres, niños, abuelos hayan salido por ese pequeño hueco en la pared y no por el mismo pasillo que nosotros? ¿POR QUÉ…?”
Me miró tiernamente, como entendiendo mi rabia y sonriendo me dijo: “No te preocupes hijo, un día ellos también vendrán, yo los traeré. Ahora descansa, te curaré las heridas que traes contigo…”

Fue en ese momento cuando comprendí todo y confirmé lo increíble que es y que nunca lo debo cuestionar por lo que hace, al contrario, agradecerle por todo, porque Él jamás haría algo que lastime a quienes ama.
Ahora te tengo que dejar, porque hay quienes también quieren compartir esta historia con sus amigos. Aunque para mí no es una historia, sino un regalo, porque nos eligió para estar con Él…

Saludos y un gran abrazo para ti.
JESÚS

Pd: Ah, mi papá envía bendiciones y fuerzas para todos, ya sabes cómo es Él, nos quiere a todos por igual…

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