jueves, 6 de junio de 2013

Y LLEGARÁ EL DÍA…

Pronto, mucho antes de lo que imaginas llegará el día en que ya no se estremecerá tu corazón al ver, saber, pensar, ver una foto, leer unas palabras o escuchar hablar de esa persona.

Y llegará el día en que podrás volver a recorrer por las calles sin que cada rincón de la ciudad te recuerde a esa persona y automáticamente tu mente se encargue de rememorar el momento exacto en que fueron a ese lugar.

Y llegará el día en que dejarás de pensar en esa persona, porque al menos una vez al día, lo haces. Sin darte cuenta, una cosa lleva a la otra y ahí estas de nuevo, derramando alguna lágrima perdida que aún queda en esos ojos que vieron lo que nunca imaginaron ver y que nunca más quieren volver a ver algo parecido.

Y llegará el día en que se borrará por completo ese momento inolvidable que tuviste que vivir para poder comprender lo que es tener valor y ser fuerte, porque antes creías que no eras lo suficientemente valiente para soportar ciertas cosas, porque aprendiste que a veces es tan doloroso recordar.


Foto crédito: Ruth Estigarribia.
Y llegará el día en que tus ojos ya no se llenarán de lágrimas por esa persona, ese día en que el nudo en el estómago desaparecerá por completo.

Y llegará el día en que volverás a vivir tu vida sin estar pendiente de lo que haga o diga esa otra persona. Porque a pesar de ser de la época de la tecnología, las redes sociales no forman parte del grupo de tus mejores aliados en este caso. Pero mantén tu confianza, la vida se hará cargo de recordar el error cometido, pues siempre lo hace.

Y llegará el día en que las miradas se cruzarán sin haberlo planeado. Será cuando esa persona note que ya no sientes ganas de mirar esos ojos y que los tuyos ya no miran igual que antes.

Y llegará el día en que una sorpresa asalte tu mente y se instale en ella, volverás a pensar en esa persona, pero ya solo será un recuerdo.

Y llegará el día, porque siempre llega…


lunes, 27 de mayo de 2013

SUMERGIDA EN FECHAS DE UNA AGENDA PASADA


Hojeando esas páginas, recordando esas vacaciones de invierno en las que te ganaste mi atención, así me encuentro en esta madrugada de otoño.

Era lunes, lo recuerdo como si fuese ayer, cuando de repente y de la nada, apareciste sin que te buscara, no te esperaba, creo que fue ese el secreto.

Apareciste y fue suficiente para quedarte en mis recuerdos, inclusive casi 2 años después. A instantes pareciera que el tiempo se detuvo  y te recuerdo como si estuviese viviendo ese momento, entonces pienso: ¡qué lindo sería volver a tenerte! Fuiste un buen presente en ese entonces, tanto que no parecía real y en mi mente pensaba: “Todo esto es muy bueno para ser verdad”. Pero fue muy bonito mientras duró y como todo en la vida tiene un porqué, vos fuiste mi porqué favorito.

“Lo nuestro fue para siempre y duró solo un momento” dice una canción y no puede resumir de la mejor manera lo que pienso. Tu estadía en mi vida duró solo un momento en la línea del tiempo, pero en mi mente perduró.

Dicen que un clavo saca a otro y eso comprobé contigo porque hiciste que olvide por completo un clavo anterior, eras justo mi talle. El problema fue cuando no hubo ningún clavo que me haga olvidar tu aparición. Y como siempre quiero encontrar una explicación a todo, fuiste mi respuesta a muchas preguntas para luego convertirte en muchas preguntas sin ninguna respuesta, hasta hoy.

Como apareciste, así desapareciste, de la nada. De tu época recuerdo una de las mejores y más lindas sensaciones que haya tenido, fueron nuevos sentimientos, nuevas actitudes que nunca más volví a experimentar.

Era una nueva versión, de mi siempre tímida forma de ser. Nunca antes había actuado con nadie de la manera en que viví ese presente contigo, durante el breve instante que te quedaste en mi mundo paralelo. Fue después de eso que comprendí cuando dicen que una persona o un momento, te pueden cambiar la vida; no volví a ser la misma después.

Lágrimas, suspiros, reproches, angustias y más, aparecieron luego de tu desaparición. Yo buscaba una respuesta que sea válida para mí, porque tu alejamiento no me dejaba vivir, quería y necesitaba hallar el motivo por el cual habías decidido distanciarte. Mucho tiempo busqué, mucho tiempo no comprendí, hasta que luego de algunos meses decidí volver a encontrar algo que me haga pasar el rato, el tiempo.

Fue cuando comprendí que no podía atarme a la idea de seguir pensando en vos y de buscar un porqué ya no estabas en mi vida. Decidí dejar de querer encontrarme culpable de tu decisión.

A partir de ahí supe que alguna vez volverías, que el destino se iba a encargar de unir de nuevo los caminos que vayamos a recorrer. Pero también supe que ya nada iba a ser igual, que los tiempos cambian y las personas pasan.

Lo que hasta hoy no pude descifrar y queda como materia pendiente es preguntarte directamente el motivo real de tu forma de actuar y posterior desaparición.

Aunque en realidad creo que siempre lo supe…